¿Te secuestró la vida un nudo?

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Estaba haciendo la cama y acabo de recordar eso que dicen que hay que soltar, o quizás acabo de comprenderlo o no se que he hecho. El caso, es que he decidido que quiero soltar. Si si, si yo se que soy como las cucarachas que tanto odio, sobrevivo a lo que me echen, pero algunas formas de sobrevivir son mas agradables que otras. Y sobre todo, la vida no se debería desperdiciar sobreviviendo, sino viviendo.

Hay una cosa que es soltar, y otra muy diferente que es dejar pasar. Aunque os parezca igual, no es lo mismo. Sueltas lo que no te aporta, algo que no es bueno para ti. Sin embargo, dejar pasar es cuando tienes algo muy bueno y no lo aprovechas. Es como tener unas vacaciones todo incluido pagadas al lugar de tus sueños y no subirte al avión. ¿de tontos a que sí? Eso es para mi dejar pasar a una persona. A veces lo haces inconscientemente porque estás mas ilusionado con otra persona u otro proyecto y no te das cuenta, o quizás, involuntariamente y subconsciente mente. Por supuesto,con el tiempo te arrepientes, y mucho. Puedes dejar pasar un hijo, una pareja, un amigo… Los miedos, las perezas, los traumas, las nuevas ilusiones…¡lo que sea!, pero algo hay atascado en nosotros cuando das con una persona idónea para ti y la desperdicias. Y en vez de deshacer el nudo que llevamos dentro, nos acostumbramos a la pérdida de libertad que nos da el nudo. Si si, pérdida de libertad porque algo dentro de nosotros no nos permite vivir una vida plena disfrutando de todos y cada uno de los aspectos de la vida, y de todas y cada una de las personas que nos quieren. Nos priva de dar amor a alguien mas por ejemplo, y cuanto mas amor das, mas feliz eres. Ese es uno de los que yo creo son los tres propósitos de cada vida (Amar, aprender y disfrutar )

¿Y como puedes saber si esa persona que estás dejando pasar es la idónea? Pues si es una pareja, tengo algunas ideas:
– te gustó desde el primer momento que l@ viste
– te apetece pedirle opinión de las cosas importantes de tu vida
– cuando te sientes sol@ es probable que pienses en él o ella.
– cuando estás con el o ella te sientes como en tu hogar
– el sexo siempre es bueno y bonito
– no solo se preocupa por ti, si no por las cosas o personas que son importantes para ti
– trata de darte lo que necesitas y se esfuerza por ti al máximo.
– los silencios son bonitos y nunca incómodos
– con esa persona eres tu mismo, tal y como eres
– eres capaz de pasar 4 horas acariciando su mano en un vuelo
– te impulsa en tus proyectos y a mejorar como persona
– cree en ti
– tu cuerpo reacciona al suyo y siempre te apetece acariciarla o abrazarla o cualquier cosa por el estilo

Y bueno, así muchas cosas mas pero creo que con esto es suficiente para que entendais la idea. Si os dejan pasar teneis dos opciones:
1- Soltar
2- Ayudar a quitar el nudo.

Pero recordad, estos nudos son dificiles quitar entre uno solo. Suele ser necesario que haya dos personas sujetando ambos extremos de la cuerda, y sobre todo uno de ellos debe de ser el dueño de la misma que quiera deshacerlo para vivir con libertad.
A menudo no se dan cuenta de que no son libres, es una especie de sindrome de Estocolmo. Creen que la situacion de secuestro en la que viven es maravillosa, no se dan cuenta de que no son libres y no son ellos los que eligen sino sus miedos.
Ayer escuchaba el testimonio de una mujer maltratada, por muchos años ni sabia que era una mujer maltratada. Os animo a todos a hacer reflexion interna y a averiguar si vivis una vida plena en absolutamente todos los aspectos de vuestra vida, o habeis prescindido de alguno. La vida es como una receta de cocina, si falta un solo ingrediente, jamas sabrá la comida igual, de hecho, no estáras saboreando esa receta, si no un sucedaneo.

Desatar vuestros nudos y vivir la receta original de la vida con todos los ingredientes. No dejeis pasar ni uno solo.

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La ley de la cama de hospital

Huele a caca de perro. Está lloviendo y en vez de olor a lluvia , huele a caca de perro. ¿Hasta eso van a quitarme? El mundo se va a la mierda; y nunca mejor dicho.

No puedo permitírmelo pero hoy estoy super triste. Ocupo todas mis horas en estudiar y estudiar hasta que el agotamiento me vence encima de un libro o escuchando algún vídeo curso. Pero algunas mañanas como hoy, mi truco no funciona, y echo tanto de menos el amor que me cuesta sonreír. Esta mañana ha tocado pensar en mis abuelos, en el cariño que me daban, y en la alegría que aportaban a mi vida. Añoro el cutis de seda de mi abuela cada vez que la besaba, o el ruido que hacía cuando ella me besaba a mi. Añoro las tardes de la niñez cuando ambas nos dedicábamos a nuestros quehaceres. Ella la plancha, yo los cuadernillos Rubio, y siempre las coplas de fondo en la radio.

Echo de menos que alguien me cuide; aunque no lo necesite, aunque pueda hacerlo todo sola tal y como he hecho casi toda mi vida.

Desde siempre mi mayor miedo había sido morir sola, pero por algún motivo, eso ya no me importa en absoluto. Creo que mi mayor miedo es sentir esta sensación de estar incompleta, medio vacía, y que no se me quite nunca. Se me instaló cuando Raul se transformó en amigo, que no novio, y no consigo borrarla. No me digáis toda esa teoría que ya me sé. Sé que soy una persona completa y plena en muchísimos aspectos y bla bla bla; pero cuando te falta cerca alguien que quieres, es duro.

¿Por donde iba? ¡Ah si! El mundo se va  a la mierda.  La gente se  ha vuelto ciega frente a la humanidad. No miran nada que no sea su ombligo. Hasta los abuelos han dejado de ser como eran antes.  Leemos tantas frasecitas de esas de…”piensa en ti mismo que nadie lo hará por ti”, o, “para querer a alguien  primero tienes que quererte tu” y cosas por el estilo, que, ciegos como estamos, adoptamos la interpretación que mas nos interesa para hacer lo que el egoísmo nos dicta sin remordimiento.  Primero nosotros, luego nosotros y mas tarde nosotros también.

Yo rijo mi vida por lo que  llamo “la ley de la cama de hospital”. Os lo explico: cuando tengo que elegir entre dos alternativas, siempre pienso en que si algún día estoy viejecita en una cama de hospital, esperando conocer a San Pedro, en ese momento, ¿de cual de las dos opciones me sentiría mas orgullosa?  En definitiva, siempre hay un camino que aporta mas puntos que otro a nuestra vida espiritual. Y si, la mayoría de las veces es el que nos requiere mayor esfuerzo. Pero en esta sociedad, me parece a mi que la mayoría de sus miembros siempre antepone sus necesidades, a las de su gente. Y si hasta con ellos lo hacen, como no hacerlo con desconocidos, o con aquellos que parecen tan lejanos viviendo en los barrios marginales de sus ciudades, o en países que difícilmente aciertan a colocar en un mapa.

No pierdo la fe en la humanidad. Si yo soy así, otros iguales habrá. Ayer mi vecina me esperaba con dos taperware de comida: “Sé que estudias todo el día y no tienes tiempo para nada. Te irán muy bien”, me dijo. Hoy lo recuerdo y me ruedan las lágrimas por las mejillas de dos en dos. Todos podemos cuidarnos solos, con mas o menos sufrimiento o mas o menos alegría; pero…qué bonito se siente cuando alguien elige cuidarte.  Y qué bonito sería, si los días de lluvia como hoy, en los que me siento mas sola que la una, pudiera salir a pasear bajo la lluvia, y a disfrutar del olor a tierra mojada y a humedad, en vez de aspirar el olor de excrementos de perros y de sociedad hedonista.

Por encima

Por encima de las fresas con nata y las palmeritas de chocolate.

Por encima de los bocadillos calentitos de sobrasada, la pizza o los nachos con queso.

Por encima, del primer bocado, de la primera sandía de la temporada.

Por encima de la limonada casera en verano, o el té moruno con hierbabuena.

Por encima, y de largo, del instante en el que muerdo un melocotón lavado en el mar, y se conjugan en mi boca el dulzor con la sal.

Por encima de ese trocito furtivo de chocolate que se te antoja en el sillón a las once de la noche.

Ni siquiera comparable a ese pellizco al pan caliente que te comes en la cola del super.

Parecido…quizás, a esa felicidad de quedarte solo en casa, y con tiempo, para hacer toda esa nada que quieres hacer, o no hacer, mejor dicho. Con mantita en el sillón, o sin ella, está por encima.

Nada que ver, aun mejor, a la excitación que se siente cuando preparas un viaje o cuando pones por primera vez el pie en un país nuevo.

¿Y cuando estrenas el mar después de un invierno y estas dentro de esa inmensidad escuchando su roneo, y sacas la cabeza triunfante, notando el agua resbalando, sintiendo que se ha quedado dentro todo lo que te sobraba? No. Esta por encima.

Por encima de meterme en la cama calentita, esos días de mucho frio, y mas cansancio.

Por encima de las duchas calientes en invierno y las frias en verano.

¿Descalzarte? ¿Hundir los pies en la arena de la playa? ¿Sentarte en una terraza a observar a la gente? ¿La tarta de chocolate? ¡No! ¡No! ¡Y no! Y coger tu taza de leche calentita entre las manos cuando tienes frio, tampoco.

Por encima de tumbarte en el campo a mirar el cielo o a oler los pinos, o a escuchar el murmullo del río.

Por encima de los recuerdos de la infancia al lado de cualquiera de mis abuelos.

Por encima de cuando encuentro un arco iris, o una amapola, o te regalan flores.

Si pienso en las puestas de sol en la orillita del mar, cuando es una balsa de aceite, o en los días de mirar su espuma embravecida, tampoco encuentro parecido.

Por encima de abrazar mi almohada, y no otra. La mía. Y con mis sábanas favoritas.

Siempre que lo comparo está por encima.

Por encima de escuchar la lluvia, o de olerla, o de correr riéndote debajo de ella.

¿Y si pienso en mi hija?

En oír su risa, en sus abrazos eternos, en esos momentos de mirarla dormir, o de mirarla sin mas, sintiendo como me desborda el alma de amor. O, en esos instantes, en que no para de contarme cosas emocionada; o la encuentro feliz, cantando y bailando por casa. Cuando su mano pequeñita descansa en la mía al pasear.

Tampoco… Es muy distinto.

Tampoco es comparable a que me cocinen mi comida favorita o a esas sobremesas eternas con la gente que quieres.

¿Y si pienso en ti?

Está por encima de coger tu mano y acariciarla, y aunque suene increíble, a kilometros por encima de cuando tu me acaricias a mi, que es casi volar.

Por encima, de cuando me miras mirarte a los ojos cuando eres en ellos, mas tú, de lo que tú mismo conoces que eres.

Por increíble que parezca, por encima de tus besos y de verte sonreír.

Por encima de completar el yin y el yang, que forma tu sexo con el mío. Por encima, de la música que bailamos cuando nuestros cuerpos ya no se cuentan dos, sino uno.

Está por encima de todo. Por mas que busco no encuentro nada que lo supere.

Nada se me antoja mejor.

Ahora mismo siento que NADA, es comparable a ese primer abrazo contigo, al momento en que tu cuello reposa en mi y mi pierna en tu muslo y tus brazo en mi cintura y los míos en tu espalda. ..

Ese abrazo entre tú y yo…cuando por fin, tu desnudez se encuentra con la mía, y mi cuerpo quieto, al lado del tuyo inmóvil; se deshila, se desmadeja, se deslée en el tuyo sin siquiera moverse, y todo, absolutamente todo, se disuelve; salvo esa sensación…indescriptible, por encima de todo, que me hace sentir, simple y llanamente, completa, serena, en paz, ¡feliz!.

¿Por qué no me elige?


Las golondrinas eligieron mi balcón. En toda mi extensa calle no veo ninguno mas donde hayan decidido construir sus nidos. Dicen que traen suerte y cuando las veo revolotear es como una señal de que el buen tiempo, y la alegría que conlleva, ya están aquí.
Hace un tiempo, cuando lo conocí, sentí que me habían hecho un regalo, nada fue decisión mía y era tan fuerte que no podía hacer nada mas que dejarme llevar. Nada de lo que pasó fue planeado o provocado, y lo mismo que ellas, mi regalo trajo a mi vida alegría y buen tiempo. Sucedió solo. De repente los fracasos de otras relaciones no pesaban tanto, y de algún modo, no tenia miedo a otro mas, porqué sentí que con él era imposible fracasar.
Igual que las golondrinas son un regalo del cielo, él también lo era y no había nada que pudiéramos hacer contra lo que él y yo sentíamos, puesto que nos había venido impuesto de una fuerza mas grande que nosotros.

Pero….que equivocada estaba. Igual que dos no se pelean si uno no quiere, lo mismo pasa en el amor. Dos no pueden estar juntos, si uno no quiere. ¿Qué injusto para el que quiere verdad? Y no digo que dos no pueden amarse, amarse si pueden, aunque uno de ellos se empeñe en ocultarlo, frenarlo o matarlo. Yo creo que el amor de verdad, se agazapa en el corazón hasta que encuentra el momento y la oportunidad para volver a salir.
Se hace duro esperar sabiendo que los días pasan, los momentos se desperdician y nuestro regalo, nuestro regalo se aja por el paso del tiempo.

No puedo estar equivocada, yo siento que me quiere. Quizás es lo que quiero ver porque lo quiero, pero; yo siento que por mucho que sus palabras digan una cosa, sus ojos y su cuerpo dicen otra.

Y decidme, ¿Qué puedo hacer yo? Por un lado me siento la persona mas afortunada del mundo por sentir lo que siento tan bonito hacia él, y por otra…la mas desgraciada por echarlo tanto de menos. Por no poder darle todo el amor que me nace en el corazón. No tener la oportunidad de demostrarle que siento el amor mas bonito que he sentido jamás por nadie, ¡es frustrante!. Se me caducan los besos en la comisura de los labios, el pecho me explota de tantos abrazos que quieren salir y no pueden…Mis días trascurren entre la alegría de tenerlo a mi lado y la pena de no tenerlo a mi lado.

Recuerdo un día que me dijo lo ilusionado que estaba por haberme conocido, y que pensaba que su vida iba a cambiar a mejor. Escribió un texto que nunca me enseñó sobre lo que sentía en ese momento. De algún modo, él también necesitaba dejar atrás la mochila que todos llevamos de nuestros fallos anteriores. Aunque yo creo, que no hay fallos; todo sucede como tiene que suceder para traernos a este instante en las personas que nos hemos convertido. Todos esos momentos de ilusión, se le han olvidado y está instalado en la zona de confort, y de ahí no sale. No ve todo lo maravilloso que se está perdiendo. Se que está feliz, pero también se que yo podría hacerlo mucho más feliz. No ve que no tiene que renunciar a nada, si no enriquecerse con mil cosas mas.

Aunque sea un ejemplo muy tonto, es como el que todos los días se come un bocadillo de pan de molde con jamón york y es feliz. Pero no sabe que si un día se comiera uno de salmón con mantequilla, disfrutaría mas, no sabe hasta que punto disfrutaría mas. ¿Cómo va a saberlo si no lo prueba? Lógico, ¿no?
¿Algún consejo? Se que cuanto mas le insista mas va a decir que no, pero, es que cada vez pesa mas el pellizco que es no tenerlo. Casi doce meses echándolo de menos cada día.
Yo también soy feliz con un sándwich de jamón york, pero no me conformo… ¿Cómo hacerlo cuando se que a su lado hay mil sabores que experimentar?
Igual que las golondrinas, solo quiero que él me elija.

La Fórmula

Es como estar en casa. Pero no aburrida en el sofá, sino como sentirte cansada y llegar a casa después de un largo día de trabajo, como volver a abrazar tu almohada tras un viaje por muchos hoteles baratos. Es el calorcito de tu cama cuando estas helada de frio. Estar con él, es sentir que estoy en mi casa, que ya lo tengo todo y no necesito nada más. Es sentirme a refugio. Verlo, es sentir hogar.
Y como se lo explico…lo he intentado mil veces y nunca lo consigo. Se supone que se me dan bien las palabras, pero la mismísima Erato vomitaría si hubiera escuchado mis vanos intentos por contarle lo que creo, lo que veo. Porque él…él no ve nada porque ni mira ni quiere ver. Ya sé que es hombre, que es más práctico y todas esas cosas pero yo…la personalidad emotiva la inventó Gardner pensando en mi. Hoy la culpa ha sido de su brazo. Lo tenía todo esquematizado en la mente y entonces se ha quitado el abrigo, que gracias a Dios luego se ha puesto y al rato se ha vuelto a quitar, y subir… y bajar… y ha sido el caos. Creo que han sido dos centímetros cuadrados lo que he alcanzado a ver de su biceps, no ha hecho falta más, y mi cuerpo ha reaccionado como lo hace un gato con el agua, toda mi espina dorsal se ha tensado. Y digo yo ¿ cuarenta años de sabiduría vital no deberían ser suficientes para hacerle entender a alguien que tenemos algo especial? Que me importa una mierda no verlo en un año o en dos, que eso no cambia para nada lo que siento, y sentiré por él. Que no necesito fines de semana románticos, ni despertarme a su lado cada día o cualquier convencionalismo de esos que nos han metido en la cabeza que necesitan las parejas para ser felices. Yo solo necesito que me quiera. Y a pesar de ir dispuesta a explicarle que lo quiero de una forma tal en la que solo el hecho de darle espacio, ya me hace feliz; lo único que habré conseguido es agobiarlo y que Usain Bolt se quede corto de la velocidad que va a tomar para ir a refugiarse en sus hijos.
Como el puto culo me he expresado hoy. Lo único que necesitaba es saber si quiere estar conmigo, del modo que sea, pero conmigo y nadie más. Lo único que necesito es la tranquilidad de saber que me quiere. Tan poco y a la vez tanto. No me importa esperar para estar a su lado hasta que se vuelva pelirrojo, hasta que se jubilen sus hijos o hasta que esté listo, pero a su vera porque no quiero prescindir de besarlo lento y con cariño, no como antes, torpe y apresuradamente. Es que me he lucido hoy. Eros debía estar tomando café con Afrodita esta mañana. Probablemente también habían quedado con Erato y de ahí mi poco arte para el amor y la palabra.
Con esto de madurar aprendo cosas buenas. Que siempre he querido una pareja es cierto, pero resulta que ahora me he dado cuenta que quizás la pareja que yo necesito no es una de esas parejas al uso; al fin y al cabo, creo que tampoco yo soy una mujer al uso. La pareja que necesitamos no tiene que tener los hábitos y costumbres que nos vende la sociedad, no tiene que ser como las proyectan en las películas, sino como a ti te haga feliz. Busca tu formula.

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Con A de Almudena

Hace tanto que no tengo pareja que ya había olvidado esas peleas que se tienen cuando cada uno se cruza de brazos en un lado de la cama y pese a desear con todas las fuerzas abrazar al otro, no lo hacemos. Nos quedamos ahí, inmóviles, quieres “apearte del burro” pero por orgullo, o porque no sabes cómo, no lo haces.  Yo tengo una amiga que se llama Almudena, y hace tiempo que quiero disculparme con ella y no sé cómo. Por eso me he acordado de esas riñas de novios.

Durante un tiempo, Almudena, era lo más parecido a una pareja, pero sin atracción o amor carnal; suplía muchas de las carencias que a veces tenemos los solteros Tenerla tan cercana a 2000 km de distancia me hacía feliz. Era mi impulso y mi hombro en el que llorar, podía llamarla a cualquier hora del día y contarle cualquier chorrada que ella le daba la importancia que yo necesitaba. Pero si es importante tener quien te escuche en los momentos malos mas necesario es aun tener alguien a quien contarle lo bonito que te sucede. Y si no, fijaos cuando os pasa algo bueno  siempre os apetece contárselo a los que más queréis; siempre a aquellas personas que más os importan. Y sobre todo, yo sentía que de algún modo ella me necesitaba y eso daba sentido a mis días. En aquel tiempo, no era solo la madre de mi hija, también la amiga de Almudena, porque compartíamos todo.  Cuando tienes una relación muy estrecha con alguien, sus problemas se hacen tuyos, y en tus días, siempre hay pensamientos para ella, aunque esté al otro lado del mundo. 

Decía Sabina “Como otras parejas vivimos historias de celos. Historias de gritos y besos, de azúcar y sal.”  Si.  Sabiendo lo mal que se me dan las relaciones de pareja, lógico era que la cagara también con ella. Nunca hubo gritos; eso no por Dios, pero un día me puse celosa. Con ella yo me sentía como la maruja aburrida que espera en casa a que llegue su marido del trabajo;  y él, cuando lo hace, no provee de suficiente atención a su amada esposa. Mi amiga vive en otro país, y cuando viene al mío, tiene tanta gente que visitar que siempre me siento mal. La echo de menos; y cuando está aquí tengo ganas de verla a menudo, jugar con sus dos estrellitas y supongo que, egoístamente, contarle mis patéticos problemas. 

Bueno ya en serio, llevo semanas y semanas queriendo escribirle y pedirle perdón pero no he sabido cómo. El mundo está lleno de misterios y me parece curioso que ayer, cuando ya había decidido como disculparme y me había dado de plazo el día de ayer para hacerlo me escriba ella. Yo estoy en su pensamiento igual que ella está en el mío. 

Durante todo el día estuve pensando cómo escribirle, como estructurar lo que quiero decir y como hablar sobre la amistad. 

A veces nos creemos con derechos sobre nuestros amigos, y ese, es el error más grande; en cualquier tipo de relación de pareja, en cualquier binomio, incluso en los laborales. Si no lo afrontamos desde la óptica de que debemos disfrutar dando, sin más, esperando obtener a cambio “nada”, ni siquiera la satisfacción que se produce al entregar, no funcionará.  Hay cosas que se dan por sentado, que son obvias, pero en el devenir de la relación, quizás más a menudo cuando sabemos que el otro nos quiere, se diluyen en el olvido. Y no pasa nada, un buen amigo no espera de ti que seas perfecto.  Voy a cumplir cuarenta años, debería estar llorando por los rincones, pero la verdad es que no me apetece. Me siento tan agradecida del pulimento que me ha dado la edad, que no me arrepiento ni de una sola de las arrugas que tengo.  Es tanto lo que he aprendido en estos años que creo que ahora estoy más preparada para afrontar cualquier situación y sobre todo para saber qué quiero.  Cuando era una adolescente soñadora y hacía listas mentales de todo aquello que quería tener en la vida: que si una carrera, un master, una casa llena de niños revoltosos, viajar a la India…Jamás pensé que  cuando fuera una adulta cuarentona en mi lista solo iba a quedar una cosa, una prioridad: hacer feliz a la gente que quiero.  Si, solo una, porque lo de viajar a la India de este año no pasa que lo cumpla. ¿Y habéis pensado que, si no cumplimos los sueños de siempre, no podemos dar paso a más y mejores deseos?

P.S.: A riesgo de caer en la cursilería ilustro este texto con una amapola, para que podáis haceros una idea de cómo es mi amiga. De tallo recto y firme, resalta en cualquier rincón por agreste que sea gracias a la alegría que le imprime su color; y por la belleza que obtiene de su fragilidad y sensibilidad. 

 

 

 

 

Análisis de Costes

Esta mañana soy un mar de dudas…los números me desbordan, me giran por la cabeza. Formulas, supuestos, ecuaciones… ¡No sé cuál es el coste de oportunidad! El coste de oportunidad de estar con una persona que no te apetece tirarte en mitad de la noche; es un coste muy grande desperdiciar tus noches solo, sin una tía que duerma desnuda a tu lado para que cuando la notes como la notes, no tengas más remedio que clavarte en ella y despertarla.  ¿Cuál es el coste de oportunidad de estar con una persona que no te desborda el alma, que no vas a querer seguir tirándote en un probador a los 50 años?

¿Qué margen de vida te da estar tan enamorado, que quieras dormirte cogido de la mano de alguien? 

¿Cómo calculo el punto muerto entre el número de tías que necesitas follarte para compensar que no tienes una que te folle como Dios manda? Y con esto me refiero a que te folle con la mente y con el alma. Busca una de esas. 

Necesitas un producto que tenga alto margen, (que te haga sentir que tú eres la hostia, que te de todo el amor que necesitas, que te haga la vida divertida) debe tener una productividad alta con bajo coste (digamos que con ser tú mismo sin ningún esfuerzo debes tener un rendimiento muy elevado).

¿Y el beneficio? Cómo coño se mide el beneficio que aporta encontrar a una persona que te haga quererla solo a ella, sin ninguna más. ¿Cómo mides la felicidad, la paz, la serenidad que da encontrar a esa persona que te va a hacer ser mejor persona?

No te equivoques, lo que está en tus genes, no es la infidelidad. Lo que está en tus genes es buscar mal, rendirse antes de tiempo.  Rodéate de gente que te haga ver estos puntos de vista, y no otros. Cuando encuentres a la persona,  dará igual la química y los dos años. Cuando llegue la persona, encontraras alguien con quien dará igual el cuerpo porque lo que te pondrá, no serán sus tetas, sino sus neuronas. Por suerte,  éstas serán cada vez mejores, por la experiencia, y cada día, te fascinará más en vez de menos. Busca la fuerza más grande del universo, la del amor. Y ahí, como decían todos los grandes: Ghandi,  Teresa de Calcuta y muchos mas, descubrirás que la felicidad no está en coleccionar Lacoste de colores, si no en dar, en hacer feliz a alguien.  

Si fuera una fruta sería…

Se sentó en una terraza a esperar. Mientras hablaba por teléfono pidió al camarero unos churros con chocolate. La música estaba demasiado alta para su gusto. Estaba en el barrio de su adolescencia, en esas calles descubrió de verdad qué era una vecindad. Alargó el brazo para sacar su compañía para hoy del bolso, un libro de relatos. En ese momento se dio cuenta de cuanto temblaba su pulso y se asustó. De repente tomo consciencia de su cuerpo y notó los nervios dentro de su pecho, en lo mas profundo. El temblor estaba estancado en el fondo de su alma. ¿Se concentraba el alma allí? Ella sentía que si. Cuando era pequeña había un programa en la tele en el que había que averiguar un personaje comparándolo con objetos profanos. Los concursantes preguntaban; si fuera un color, ¿qué color sería? ¿Si fuera una ciudad? Recordó aquél show de los viernes por la noche. Siempre se había considerado una especie de fruta tropical: de esas de muchos colores, con contrastes de texturas y sabores. Algunas tienen una cascara algo dura o incluso pinchosa, pero al abrirlas están llenas de carne jugosa, frescos olores y exóticas semillas. ¿Quien no ha sentido curiosidad por saber como eran por dentro? Por saborearlas.

Se dio cuenta que en este momento de su vida, aunque siguiera vistiéndose con jerseys amarillos era mas bien una especie de castaña. Si, una castaña. Marrón y sosa. Aburrida y sin color. Antes orgullosa por lo accesible que era a pesar de los golpes de la vida, casi sin darse cuenta, ahora se había convertido en una castaña. A falta de un muro de protección, se había puesto dos. Su relleno era duro, fuerte. ¿Como coño había podido hacerle tanto daño ese tal Raul? En un día como hoy se le juntaba ese dolor con el de su exmarido; se mezclaba con los números de su cuenta corriente y comprendía porque había perdido las ganas de tener pareja. Descruzó las piernas: notar que el temblor llegaba hasta sus muslos la ponía triste. En ese momento entendió porque nadie iba solo a esas visitas. Era hora de irse. Seguiría con su rutina de no parar en todo el día. Si lo hacia, corría el riesgo de volver a darse cuenta de que era una olla a punto de explotar.Demasiados problemas juntos; tendría que ir poco a poco. Mientras se alejaba de la cafetería albergó un poco de esperanza; incluso las castañas, bajo el punto de calor adecuado, se transforman en un fruto tierno y dulzón.

La Merienda

Nunca he escrito sobre mi madre, a excepción de un soneto que escribí cuando era niña sobre cómo le cambian de color los ojos. Hoy que no paran de caer lagrimas por los míos, solo de pensar en que ella deje de estar a mi lado, me parece un buen momento para hacerlo. Durante años la eche de menos en muchos momentos de mi infancia, pero sobre todo, a la hora de la merienda. No me parecía justo que cuando llegaba del colegio y mis compañeros estaban con sus madres, la mía nunca estaba para prepararme un bocadillo. Y esas promesas que me hice cuando era niña, de que cuando yo tuviera hijos, siempre intentaría estar con los míos, tampoco se han cumplido. Estoy segura que ha sido así para que aprecie y valore aun mas lo que fue la vida de mi madre. La culpa siempre digo, que es el sentimiento mas inútil que hay; pero aun así, es raro que las madres no nos culpemos por casi todo. No he podido librarme de ella en cada momento de la vida de mi hija que me he perdido; por insignificante que fuera, la culpa me acompañaba. Y qué decir de todas las meriendas que mis padres le han dado a mi hija porque yo estaba trabajando; todas la que no me dieron a mi se las han preparado a ella igual que mis abuelos a mí. Cada una de ellas me ha dolido. A mi hija creo que no, pues mi madre es para ella una madre mas y por ese lado me siento agradecida. Pero así de graciosa es la vida. Si no aprendes la lección teórica te manda la práctica. Ahora me basta con saber que mi madre seguramente deseaba tanto como yo, merendar conmigo.

Desde pequeña mi madre era mi referente, la mejor persona del mundo, a la que aspiraba parecerme. Siempre le contaba y consultaba todo y siempre estaba allí. Hasta que dejo de ser así, y pasé de ver a mi madre como madre para juzgarla como persona. ¿Y qué derecho tengo yo para juzgar a la gente? y sobre todo a mi madre.

Aunque cuando estoy a su lado, me siento la misma niña buscando cariño, no consigo abrazarla como antes, ni darle todos los besos que me nacen. Cada vez que me voy de su casa mi cuerpo quiere ir a buscar al suyo, pero mi adulto interior no lo deja. Me da rabia. Me pregunto si esto nos pasará a todos al crecer o solo a mí.  Ya no se abrazarla como cuando era niña, pero espero que al menos estas palabras puedan envolverla de amor, como antes lo hacían mis brazos.

Han ido pasando los años por el calendario, y han cambiado muchas cosas: arrugas y canas han llegado, nuevos miembros de la familia también; ha cambiado la sociedad, y hasta el clima pero no ha cambiado ni cambiará, lo que necesito a mi madre a mi lado. La abrace o no, con merienda o sin ella, la sigo queriendo tanto como el primer día.

Sal

Ojalá q mi regazo llegue a ser tu sitio favorito; y el tuyo, el mio. Ojalá q tus hormonas, y las mías, reaccionen igual que el sodio y el cloro; y como ellas, formemos una molécula indisoluble de sal. Porque la sal, en su justa medida, siempre hace que todo sepa mejor.