Duele pero no hace daño

Man biting womans nipple — Image by © Royalty-Free/Corbis

Lo estaba escuchando, pero realmente no prestaba mucha atención a lo que Álvaro decía porque dijera lo que dijera daba igual; ya sabía lo que le tenía que contar. Aprovechando la indiscreción que permite la videoconferencia estaba escrutando su cara en detalle y de repente lo he sentido. Mi mesa está frente a la pared y a la derecha la ventana que da a la calle. Aún era temprano y el barrio estaba en cuasi silencio cuando una brisa ha entrado y ha movido la cortina, mi pelo, y también mi vestido. Rápidamente me he puesto a mirar hasta donde enfocaba la cámara, qué parte de mi se veía en el ordenador e inmediatamente después he mirado mi pecho. Por sutil, por ligero que ha sido el movimiento de mi vestido por el aire, ha sido suficiente pare acariciar mi pezón y sentir que me dolía. Aun doliendo, no hacía daño. Se ha puesto duro, se ha erguido orgulloso y tras levantarse aún se rozaba más contra la insignificante tela de mi vestido. Dolía más, y cuanto más dolía, más placer me daba. He mirado mi teta y se veía sexy, dura, poderosa mirando hacia el frente, y con un botón duro coronándola hacia delante. Mi coño ha empezado a palpitar, y de repente ya me notaba mojada. Ha llegado a mi mente la imagen que se me quedó grabada ayer. Mientras me estremecía de gusto por esas primeras y ansiadas penetraciones de Carlos, lo miré y vi cómo me estaba mordiendo un pezón, el derecho. Lo estiraba tirando con su boca y ahí lo tenía entre sus dientes. Lo escribo ahora y mi coño vuelve a reaccionar, palpita y se moja una vez más. Recuerdo como lo mire a los ojos, cuanta era la fuerza que veía en ellos. Tiene tanto ímpetu dentro de sí, como tanto amor guarda dentro. Cuando estamos juntos y lo encuentro en una mirada mi cuerpo entero se estremece. Su pelo, su barba, sus embistes sobre la mesa me hacen sentirlo tan primitivo que creo que no hay nadie más sexy que él.

Aprovecho que mi alumno sigue hablando sobre su plan de empresa y me inclino un poco, aprieto fuerte mis tetas; una mano para cada una. Las presiono fuerte porque a pesar del dolor si ahora me volviera a besar los pezones me moriría de gusto. Y lo deseo, aunque no hayan pasado ni 24 horas desde que estuvimos juntos lo vuelvo a desear, no sé si yo, o mi cuerpo, que ya no responde a mis ordenes de compostura: mis pezones están duros como dos piedras, los músculos de mi vagina contraídos y el coño mojado y chillando a pulsos; tengo la necesidad de cruzar las piernas para apretarlo porque siento un vacío enorme sin su polla dentro. Y las cruzo, vaya si las cruzo, y las aprieto bien una contra otra y contra la silla y además, me acaricio un pequeño instante por encima de las bragas.

Álvaro hace una pregunta y me pongo a pensar; no en responderle a él, si no a mí. De repente recuerdo eso que dicen que la pasión del principio pasa, que ese ardor se apaga con los días y que luego te aburres y ya no es igual. Me da pena pensarlo, que se acabe, que no lo hagamos más así, pero entonces, mientras una parte de mi cabeza busca la respuesta a su pregunta de biofertilizantes, la otra encuentra la respuesta a mi cuestión y me quedo tranquila. Mientras pueda mirarlo a los ojos y encontrarlo, tendré siempre un motivo para desearlo, con furia, o sin ella.

La Foto

En toda la semana casi no me he mirado al espejo; cuando lo hago y me fijo en mis ojos veo la misma mirada que en aquella foto, tristeza y sordidez.  O por lo menos, eso es lo que yo siento al mirarla. Quizás ese punto de incredulidad era porque no acertaba a creer en lo que me había pasado o porque estaba petrificada de miedo y era incapaz de sonreír como  me pedía la fotógrafa. Allí estaban mis hermanos guapos y preciosos con su ropa mas bonita posando alegres y yo era incapaz de soltar una sonrisa, creo que hasta mantenerme de pié me suponía un esfuerzo. Puede que olvidara aquello que me hizo tanto daño, pero no olvidé la tortura que fue querer sonreír y no poder. Querer salir guapa como ellos y no poder. De algún modo creo que ahí empezó a implantarse en mi la idea de que a mi no me querían tanto como a ellos. Al fin y al cabo, quien va a querer a una niña que no puede sonreír, ¿no?  Por lo menos he llegado al origen y he averiguado cuando empecé a sentir que no encajaba, cuando se me implantó la idea de que yo era un garbanzo negro. 

Ha sido una semana rara, hoy me he dado cuenta de que lo más fácil era irme a dormir y no pensar mas en ello. Curioso este confinamiento, quizás la falta de libertad que sufrimos ha sido la que ha traído a mi memoria aquella vez en que también me faltó la libertad para salir corriendo. Pasado el shock de conocer la noticia, y la tristeza que me embargó, creo que puedo seguir sobreviviendo como hasta ahora, olvidándolo todo sin más. Es una opción, no pensar en ello. Lo cierto, es que me resulta bastante apetecible. Aún así, en vez de irme a dormir me he puesto a escribir. Siento que si dejo que pasen mas días sin afrontar lo que me ha pasado, acabaré pensando que estoy equivocada y que debió ser una broma del subconsciente. Sé que no, recuerdo la imagen que vino a mi mente, y se me pone el dolor en el pecho como si tuviera instalado algún tipo de piloto automático; peso en el corazón y lágrimas prestas a salir a conocer mundo.

No se que tengo que hacer, quiero recordar mas y no puedo. Quizás sea lo mejor, lo poco que recuerdo ya atormenta bastante, no quiero ni pensar que pasaría si recordara todo el capítulo de abuso. Están claras en mi mente la mesa, la silla de tapicería verde, la tijera plateada y yo a cuatro patas y sin braguitas encima de la mesa. Parece que esté aún dentro de ese almacén lleno de colores grises y marrones; visualizando cajas y mas cajas, iluminadas solo por la luz  super brillante que entraba de la calle por la puerta trasera. Aún puedo ver los rosales en el jardín a través de ella. Por algún motivo, recuerdo como llevaba el pelo pues también me ví en esa misma puerta, con ese corte que tantas veces le he protestado a mi madre. Está claro que a mi me espantaba pero a aquel viejo no. No recuerdo como se llamaba, pero si recuerdo que yo lo quería. Siempre estaba alerta de los días en que le tocaba venir a hacer la contabilidad, y ahora lo pienso, veo el poco sentido que tiene que una niña lleve la cuenta de los días en que acude el contable. Viene a mi mente  la fecha de martes y viernes; algo así como que venía los viernes y empezó a venir también los martes o que hizo un cambio de día, se me pierden los detalles. Pero si, grabado esta en mi cabeza que esos días trabajaba y yo tenía que ir a verlo. No me preguntes qué día echaban mis dibujos favoritos porque eso no lo recuerdo. 

Hoy estoy mas tranquila, no he llorado, cada vez que me acuerdo me dan las ganas pero las he controlado bien durante todo el día. Me planteo seriamente seguir como hasta ahora pero lo cierto es que no me quedan fuerzas para seguir viviendo así.  Espero que pocas personas puedan entenderme cuando digo que llevo toda mi vida viviendo con el terrible vacío que se siente al no sentirte querida. Ya no puedo más. Estos últimos meses han sido bastante duros. Hace unos meses comencé con un nuevo psicólogo, cada vez eran mas frecuentes las ganas de desaparecer, los episodios de no me quedan fuerzas para seguir tratando de encajar donde no encajo. Es como que todo el mundo es un triángulo y yo un cuadrado que no compatibiliza con nada.  Eso es lo que siento; es taaaaaaaaaaan cansado. He perdido la cuenta de los médicos, psiquiatras, psicólogos, y terapeutas que he visitado, ¿cómo es que nadie se ha dado cuenta antes?Mi amiga ha ido preguntándome por  un listado de síntomas y a casi todos he contestado que sí: comer compulsivamente, cambio de comportamiento en la infancia, auto lesiones en la adolescencia, depresiones, ansiedad, anorgasmia, ataques de ira desde que tengo uso de razón…¡joder está tan claro!, definitivamente fui victima de abusos sexuales en mi infancia y apenas lo recuerdo.

Estoy en una especie de estado de shock, de repente siento que no se quien soy. Siento que me han robado la vida. Y sobre todas las cosas me siento mal. Se que debería ser positiva y pensar que al menos lo he descubierto y que como dicen la canción, ahora solo puedo mejorar. Pero ¿a qué persona tengo que arreglar? Es decir, ¿cómo soy? Si todo con lo que me identifico son esos comportamientos que según parece se producen por lo que me pasó.

Me dijo un amigo que era el momento idóneo para construir a la que me gustaría ser, pero….¿Cómo se hace eso? Y..por otro lado..¿hay alguien que quiera ser otra persona de la que es? Es decir, si soy otra, no seré yo. Pero no se quien soy yo, si a mi  parece que me sepultaron hace 34 años y como me comporto, es consecuencia de lo que me pasó.  Tampoco se quien quiero ser, pero al menos si se lo que no quiero. 

No quiero que me besen antes del sexo y sentirme mal, no quiero sentir cuando un hombre me acaricia que no quiere hacerlo y que no lo merezco. No quiero mas sexo sin preliminares porque me incomoda la idea de que me den amor. No quiero sentir mas que un hombre está fingiendo que me desea o que disfruta dándome cariño. No quiero pensar más que para que alguien me quiera tengo que ser buenísima en la cama o de otro modo es imposible que quiera estar conmigo. 

No quiero estar triste la mayor parte de mi vida. NO quiero tener que hacer el payaso para disimular que por dentro me siento con el alma rota. NO quiero sentir más esta soledad tan enorme. NO quiero sentir cada día que mi familia no me quiere. No quiero espantar a mas personas de mi vida. NO quiero necesitar tantas atenciones para poder sentir que alguien me quiere. Es como que tengo un agujero dentro, y todo el cariño que me dan, se va.

Me dijo mi madre que yo antes era una bendición, queda claro que ya no lo soy. Estoy furiosa y enfadada y también triste. ¿Porqué tuve que dejar de serlo? Qué diferente podría ser mi vida si nada hubiera pasado… Siempre digo que cada cosa pasa como tiene que pasar, que todo es perfecto y cada cosa nos sucede para aprender algo. Pensaba que ya era difícil que me quedara alguna lección que aprender y mira tu por donde… Supongo, que si llevo tantos  años con esto a la espalda, podré ahora seguir adelante también. Si hay algo que he oído es que soy una persona fuerte, espero estar a la altura de esto: sería bonito empezar a sentir que la gente me quiere, que yo me quiero.

Si tú te la juegas, yo me la juego.

Si tú te la juegas, yo me la juego. Volveré a intentarlo una vez más. Lo haré, bajaré las murallas, quitaré el cerrojo y abriré la puerta. Mi vida está cuadrada y ordenada pero si vas a sumar, me arriesgo y te hago un hueco. Seré yo, sin protección, para que sepas quien soy; pero te lo advierto, soy tan maravillosa como tú. Quiero conocerte bien, aunque nunca se termine de saber cómo es una persona, quiero hacerlo. Saber qué te pone contento cuando estas triste y como suavizarte el humor cuando te enfades. Leer en tus ojos qué debo hacer. Quiero saber cuando debo apartarme y cuando estar; y cuando, estando, debo dejar que seas, y no ser yo.  En las jornadas insulsas de invierno, que no se sabe si es martes o jueves, porque da igual, quiero saber cómo darle la vuelta a tu día para convertirlo en el mejor de tu semana. Si me enseñas a hacerte feliz, yo lo intento con todas mis ganas.

 Te va a encantar conocerme porque quiero hacerte sonreír cada mañana, porque quizás…quizás seas tú. Quizás sea la última vez que alguien me corresponda en mi deseo con las mismas ganas que yo te deseo a ti. Esas cosas no se eligen, ni se compran, eso te toca, o no te toca. Te bendicen, o no. ¿Lo aprovechamos? Y bueno, durar, dura lo que tiene que durar, ni mas ni menos. Quizás si lo cuidamos dure más, pero solo sirve si mientras lo cuidas, lo disfrutas. Mantenerlo no debe ser para nadie una carga, y si lo es, ya no lo quiero.

A lo mejor funciona, a lo mejor solo disfrutamos por el camino y acabamos siendo amigos. Pero ¿y si resulta?  ¿Y si eso que tienes con tu familia, esa incondicionalidad, la encuentras también en otra persona? Me hace sentir protegida cuando le importo a alguien. Me gusta, me recuerda a esa felicidad que sentía de niña al lado de mi abuelo. A su lado, era invencible, nada importaba si estaba conmigo. Cómo me gustaría que funcionara, y algún día, yo te hiciera sentir así.

No sé si pedí cartas o no lo hice, pero ya se han barajado y ahora, tengo que jugar la partida. ¿Hacemos un trato? ¿Gane quien gane ganamos los dos? ¿Qué te parece si jugamos un solitario, pero los dos juntos? Así nadie pierde. Si esto resulta, volvemos a repartir, y si no… ¿nos quedamos con lo bueno? Yo me pido quedarme con tu receta de tacos, tus lecciones de agronomía y el recuerdo de tu piel en la mía. Lo siento, los momentos de deseo no puedo devolvértelos, son muchos, y se quedan para mí; pero a cambio, tú puedes quedarte todo lo que quieras, y te prometo, que pase lo que pase, el día de tu cumpleaños, siempre será especial en mi calendario.

Yo Controlo


Y de repente te enteras de que uno de los tuyos está malo y te inunda el miedo, el ritmo de la respiración pasa de ser regular a transformarse en un patrón sin sentido y ahogante. Te vienen a los ojos lágrimas que no puedes dejar salir, no puede vencer él. Noto como los mofletes que hace nada se alzaban risueños han perdido cualquier tono muscular y ahora me resultan cargas pesadas en mi rostro. De repente mi pecho pesa, me queda poca saliva en la boca y todo es más cercano y todo duele más. Y yo, por lo menos yo, ante las desgracias, ante el dolor, siempre pienso en cómo disfrutar más de la vida. Siento que tengo la obligación de hacerlo. Tomo consciencia, no solo de que esto se puede acabar en cualquier momento, sino de algo mas importante, tenemos la obligación de disfrutar de todos y cada uno de los pequeños momentos que nos regala la vida, por todos aquellos que no pueden hacerlo ahora, o aquellos que no podrán hacerlo jamás. Si la vida son las pequeñas cosas quiero que mis días sean una sucesión ellas. Si la vida es amor, quiero sentirlo a cada instante. Si la vida es esfuerzo quiero estar a tope en cada momento, para no parar de sentirme viva. Y no quiero pasado que corte el futuro, no quiero dolores que sigan doliendo. Estoy cansada de dramas, habrá muchas cosas que no tengo, pero hay tantas que si puedo tener… Quiero esperanza de que si se puede; se puede ser feliz, estemos donde estemos y con quien estemos. Yo hoy voy a hacer mi gimnasia con más brío que nunca, hoy voy a sostener entre mis manos mi taza calentita de té con leche, y me acurrucaré en mi sillón bajo la manta, mientras durante un largo instante, miro al horizonte que transparenta mi ventana y veo como el viento mueve las hojas de los árboles. Y escucharé Claro de Luna. Y escribiré a mis amigos y les diré que me importan, y cuando acabe, pondré esa canción que me hace bailar, y después la que me hace cantar. Y empezaré ese libro que tengo pendiente a la espera que sea uno de esos que me enganche y no puedo dejar de leer. Y dejaré caer el agua caliente de la ducha por mi espalda, mientras me deleito en el olor que tanto me gusta del jabón, acariciaré mi piel con la crema que huele a naranja, la que me regaló mi amiga Pepa y me recuerda lo que me quiere, y que, además, me dan ganas de morderme a mí misma. Y después, cogeré la pequeña mano de mi hija y la colocaré dentro de la mía y la miraré a los ojos, y la haré reír hasta que me pida que pare porque escucharla reír es lo más bonito que puedo escuchar, y hundiré mi nariz en su cuello durante un buen rato cuando se vaya a dormir. Y a esa persona que me roba los últimos minutos de consciencia antes de caer dormida, si me nace, le daré las buenas noches de manera especial porque sí, porque creo que es mi manera de decirle que de alguna manera en ese instante está conmigo. Y si de repente me aborda el deseo por escucharlo hablar de cualquier cosa, por sentir sus besos, por tocar su piel, lejos de cortarlo y ponerme a pensar en otra cosa, lo avivaré con el recuerdo de sus besos, de su mirada, del tacto de sus rizos en mis dedos. Lo instigaré con el recuerdo de su cuerpo junto al mío en un baile; y lo delicioso que era estar entre sus brazos, recorrer sus labios con la yema de mi dedo y como sentía que a cada palabra que decía, me gustaba más. Y cuando casi casi me venza el sueño, daré gracias por todas y cada una de las personas y momentos que componen mis días. Me siento afortunada. Y entonces, vuelve la respiración a ser armónica y mis pulmones están tranquilos y ligeros y mis ojos ya no se mojan porque yo tengo el control, no ese puto coronavirus. Soy muy afortunada, yo puedo elegir hacerme feliz con todas esas cosas que me llenan de felicidad, porque la felicidad, también se crea.

Vino y margaritas

Estoy sentada en el mismo sitio donde ayer estaba sentada con él, en la cocina. Miro la silla y recuerdo como la desplazó hacia atrás para acomodarse y poder estar frente a mí. Huele a canela, le he preparado a mi hija un té. Agua, leche y un poquito de canela porque se que le encanta. Su olor me resulta agradable y me transporta a la infancia, y al arroz con leche que preparaba para el postre mi abuela Antonia.

La encimera de mi cocina es de madera y quizás sea la responsable de que me guste sentarme tanto a pensar aquí. Encima de ella hay algo que roba toda mi atención; esta mañana al entrar ha sido lo primero que he visto. La botella de vino que bebimos anoche, colocada al lado de un pequeño ramito de margaritas silvestres que recogí ayer de la calle. He de decir que el ramo no es nada del otro mundo, pero me encanta tener en casa un poquito de naturaleza. Tal como las traje del campo, las metí en un vaso transparente porque me gusta ver los tallos dentro del agua. El ramo es como la vida misma. Unas margaritas son grandes y con sus hojas bien firmes. Las miras y transmiten fortaleza y determinación. Sin embargo, otras, tienen los tallos doblados hacia abajo, sus flores están ya marchitándose. Una tiene agujeros en las hojas, sin duda, es la que más ha sufrido de todas. Otra, ha recogido sus pétalos hacia adentro, su tallo se ha doblegado y su cabeza ha caído contra la encimera. Está muerta.

La botella ya debería estar en la basura, pero por algún motivo no la he tirado. Sigue al lado de las flores reclamando mi atención. “DaVida”. Creo que el nombre del vino es el culpable de que no haya ido a parar ya al contenedor. Me hace pensar. “Sin sulfitos añadidos” reza una frase debajo del nombre. Supongo que eso manda a mi mente el mensaje de que es natural, como mis flores.

Estaba rico, me resultó facilísimo de beber, no me ha dado dolor de cabeza y tal como indica en su nombre, me dio vida. Anoche, di buena cuenta del vino, y por un ratito salió la mujer; y la madre, la trabadora, incluso esa pequeña parte de mí que es la escritora aficionada, se fueron al carajo. Fui yo y fue gratificante. No puedes ser la mujer, si nadie te ve en sus ojos como tal. Para unos soy la todoterreno del trabajo, para otros una madraza. Algunos me verán como alguien digna de lastima y otros como un ejemplo a imitar o una mujer independiente y autosuficiente, pero hacía tiempo que nadie me hacía sentir como una mujer; quizás, porque yo misma, llevaba tiempo sin dejarla salir.

Supongo que ha llegado el momento de hablaros de él. No, del vino no, de la persona que me apetece conocer. Después de un corazón roto que duró dos años, un acoso, y una última relación que me ha enseñado que la vida no siempre tiene un lado amable y que me ha dejado la peor herencia que nadie podrá dejarme, aún, me han quedado ganas para quedar con él.

Si, tal como estáis pensando, en una persona especial, de esas que brillan allá por donde van. Cuando pensaba en él esta mañana me venían recuerdos como verlo doblar la servilleta hasta hacerla un cuadradito pequeño. Lo sujetaba y lo deslizaba un poquito entre sus dedos para limpiarlos. Terminan en una forma muy redondeada; tenía las uñas muy cortitas y con unas lunas muy blancas y grandes, que me hacía pensar en eso que decía la prima de mi abuela: “las personas que tienen lunas en las uñas son buenas personas”. Pensaba en la seguridad que desprende, la que tiene a la hora de seducir o pedirle lo que quiere a una mujer y a la vez, recordaba un par de momentos de la noche, donde capté por un instante que, en algún lugar dentro de él, hay alguna parcela de si mismo donde no se siente tan valioso. Si ponderara el conjunto de cosas que a primera vista aprecio de él, se sentiría invencible. Pensaba en el color de sus labios y en la sensación que era tenerlo dormido entre mis brazos. No sé si a través de estos pensamientos podéis captar cómo es, pero os aseguro, que cuando esta mañana fui a bajar la persiana y lo ví andando hacía su coche, pensé que está tan lleno de alma que hasta en su caminar va transmitiendo cosas.

¿Cómo coño se sabe qué hay que hacer con una persona qué te gusta? ¿Cómo se sabe cuál es el paso correcto a dar de todos los que se pueden dar? Si fuera natural, sin sulfitos como el vino, lo llamaría y le preguntaría sin más ¿Qué piensas? O, mejor dicho, ¿Qué sientes sobre esto? Supongo que en algún momento tendría que preguntarle qué espera o qué le gustaría que pasara entre nosotros, pero la sociedad nos modela para tener miedo al rechazo, miedo a que se agobie, miedo a escuchar algo que no nos gusta y unos cuantos más.

He pasado la mañana pensando qué debo hacer, qué puedo hacer, qué hacer…. (vaaaaaaaaaaale, lo confieso, pensando en el color rosita de sus labios también); no me apetece acercarme a alguien que quiera cosas que yo no quiero. Siempre defiendo hacer lo que el corazón nos dicte, pero como el mío siempre me lleva a equívocos inconmensurables, a veces se me olvida que de camino al error me deja unas vivencias increíbles, no solo por lo viva que me hacen sentir, si no por las lecciones que aprendo.

Al día siguiente de enterrar a mi abuela perdí la virginidad. Cuando vi meter su ataúd en la columna del cementerio, pensé en que si pensáramos que al final nos van a comer los gusanos, actuaríamos muy distinto. La muerte relativiza las cosas, por lo menos en mi caso. Es una compañera de viaje que tenemos muy lejana, pero que cuando se acerca, pone muchas cosas en su sitio. Hoy me ha recordado quien soy, y que no quiero desperdiciar ni un minuto de vida comportándome de un modo diferente. Que ridículos parecen ahora mis pensamientos de esta mañana. Si, me gusta ese chico y quiero conocerlo más, bienvenida sea cualquier experiencia que te hace sentir viva acabe como acabe. Puede que al final descubra que no merece tanto la pena como yo creo, o puede que si, incluso hasta mas; pero eso no puedo saberlo si no juego la partida. Cuando te das cuenta de que el verdadero sentido de la vida es amar, aprender, y divertirse, parece ridículo no aprovechar la oportunidad que te regala conectándote en el camino con alguien que te hace sentir vivo.

Mi té se ha enfriado y es antinatural, ya no me apetece beberlo. Me quedan tres sorbos, pero un té con leche que no me reconforta con su calor al coger la taza, no me parece un té. Me escuecen los ojos de tristeza y el dolor me roba el aire por momentos. Miro de nuevo a la botella de vino, después a las margaritas, y reparo en la que se ha marchitado para siempre. Pienso en mi tía Ana María, que, como la flor, también se ha marchitado esta mañana. Otro de los pedazos más bonitos de mi infancia que se ha ido. Gracias, tía, por recordarme, que, aunque pueda haber un final que duela, lo que cuenta es que los ratos del camino que pasamos juntas lo hicieron precioso.

La vida pica

Calderon se equivocaba, la vida no es sueño; es muy real. La vida se siente como se siente el bullicio de un pellizco en la piel. La vida pica. Obedece a ella misma y a nadie mas. Ella, te lleva a sitios que jamas habrías podido concebir, ni en el mas dulce anhelo de tu infancia, ni en tus miedos mas profundos. Te conduce a callejones oscuros, a esquinas que al doblar descubren las plazas mas hermosas. Te ataca en lo alto de una atracción de feria cuando te plantan un beso inesperado en la boca, o en una barra de bar, cuando un extraño lame de tu mano la sal de un tequila. Sorprende, con miradas que muestran huecos de tu alma que no conocías, y hasta almas que formarán parte de la tuya siempre. Todo es real, por mas que nos choque, o nos sorprenda. Un dia te descubres en una terraza explorando un nuevo país, o en un ombligo examinando un nuevo cuerpo. Y dentro de un instante de un momento como este , puedes acabar en una inhóspita sala de espera; asumiendo que la vida es tan real, que nadie puede ni soñarla; porque los sueños, se controlan, y la vida, no obedece a nada, ni a nadie.

¿Te secuestró la vida un nudo?

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Estaba haciendo la cama y acabo de recordar eso que dicen que hay que soltar, o quizás acabo de comprenderlo o no se que he hecho. El caso, es que he decidido que quiero soltar. Si si, si yo se que soy como las cucarachas que tanto odio, sobrevivo a lo que me echen, pero algunas formas de sobrevivir son mas agradables que otras. Y sobre todo, la vida no se debería desperdiciar sobreviviendo, sino viviendo.

Hay una cosa que es soltar, y otra muy diferente que es dejar pasar. Aunque os parezca igual, no es lo mismo. Sueltas lo que no te aporta, algo que no es bueno para ti. Sin embargo, dejar pasar es cuando tienes algo muy bueno y no lo aprovechas. Es como tener unas vacaciones todo incluido pagadas al lugar de tus sueños y no subirte al avión. ¿de tontos a que sí? Eso es para mi dejar pasar a una persona. A veces lo haces inconscientemente porque estás mas ilusionado con otra persona u otro proyecto y no te das cuenta, o quizás, involuntariamente y subconsciente mente. Por supuesto,con el tiempo te arrepientes, y mucho. Puedes dejar pasar un hijo, una pareja, un amigo… Los miedos, las perezas, los traumas, las nuevas ilusiones…¡lo que sea!, pero algo hay atascado en nosotros cuando das con una persona idónea para ti y la desperdicias. Y en vez de deshacer el nudo que llevamos dentro, nos acostumbramos a la pérdida de libertad que nos da el nudo. Si si, pérdida de libertad porque algo dentro de nosotros no nos permite vivir una vida plena disfrutando de todos y cada uno de los aspectos de la vida, y de todas y cada una de las personas que nos quieren. Nos priva de dar amor a alguien mas por ejemplo, y cuanto mas amor das, mas feliz eres. Ese es uno de los que yo creo son los tres propósitos de cada vida (Amar, aprender y disfrutar )

¿Y como puedes saber si esa persona que estás dejando pasar es la idónea? Pues si es una pareja, tengo algunas ideas:
– te gustó desde el primer momento que l@ viste
– te apetece pedirle opinión de las cosas importantes de tu vida
– cuando te sientes sol@ es probable que pienses en él o ella.
– cuando estás con el o ella te sientes como en tu hogar
– el sexo siempre es bueno y bonito
– no solo se preocupa por ti, si no por las cosas o personas que son importantes para ti
– trata de darte lo que necesitas y se esfuerza por ti al máximo.
– los silencios son bonitos y nunca incómodos
– con esa persona eres tu mismo, tal y como eres
– eres capaz de pasar 4 horas acariciando su mano en un vuelo
– te impulsa en tus proyectos y a mejorar como persona
– cree en ti
– tu cuerpo reacciona al suyo y siempre te apetece acariciarla o abrazarla o cualquier cosa por el estilo

Y bueno, así muchas cosas mas pero creo que con esto es suficiente para que entendais la idea. Si os dejan pasar teneis dos opciones:
1- Soltar
2- Ayudar a quitar el nudo.

Pero recordad, estos nudos son dificiles quitar entre uno solo. Suele ser necesario que haya dos personas sujetando ambos extremos de la cuerda, y sobre todo uno de ellos debe de ser el dueño de la misma que quiera deshacerlo para vivir con libertad.
A menudo no se dan cuenta de que no son libres, es una especie de sindrome de Estocolmo. Creen que la situacion de secuestro en la que viven es maravillosa, no se dan cuenta de que no son libres y no son ellos los que eligen sino sus miedos.
Ayer escuchaba el testimonio de una mujer maltratada, por muchos años ni sabia que era una mujer maltratada. Os animo a todos a hacer reflexion interna y a averiguar si vivis una vida plena en absolutamente todos los aspectos de vuestra vida, o habeis prescindido de alguno. La vida es como una receta de cocina, si falta un solo ingrediente, jamas sabrá la comida igual, de hecho, no estáras saboreando esa receta, si no un sucedaneo.

Desatar vuestros nudos y vivir la receta original de la vida con todos los ingredientes. No dejeis pasar ni uno solo.

La ley de la cama de hospital

Huele a caca de perro. Está lloviendo y en vez de olor a lluvia , huele a caca de perro. ¿Hasta eso van a quitarme? El mundo se va a la mierda; y nunca mejor dicho.

No puedo permitírmelo pero hoy estoy super triste. Ocupo todas mis horas en estudiar y estudiar hasta que el agotamiento me vence encima de un libro o escuchando algún vídeo curso. Pero algunas mañanas como hoy, mi truco no funciona, y echo tanto de menos el amor que me cuesta sonreír. Esta mañana ha tocado pensar en mis abuelos, en el cariño que me daban, y en la alegría que aportaban a mi vida. Añoro el cutis de seda de mi abuela cada vez que la besaba, o el ruido que hacía cuando ella me besaba a mi. Añoro las tardes de la niñez cuando ambas nos dedicábamos a nuestros quehaceres. Ella la plancha, yo los cuadernillos Rubio, y siempre las coplas de fondo en la radio.

Echo de menos que alguien me cuide; aunque no lo necesite, aunque pueda hacerlo todo sola tal y como he hecho casi toda mi vida.

Desde siempre mi mayor miedo había sido morir sola, pero por algún motivo, eso ya no me importa en absoluto. Creo que mi mayor miedo es sentir esta sensación de estar incompleta, medio vacía, y que no se me quite nunca. Se me instaló cuando Raul se transformó en amigo, que no novio, y no consigo borrarla. No me digáis toda esa teoría que ya me sé. Sé que soy una persona completa y plena en muchísimos aspectos y bla bla bla; pero cuando te falta cerca alguien que quieres, es duro.

¿Por donde iba? ¡Ah si! El mundo se va  a la mierda.  La gente se  ha vuelto ciega frente a la humanidad. No miran nada que no sea su ombligo. Hasta los abuelos han dejado de ser como eran antes.  Leemos tantas frasecitas de esas de…”piensa en ti mismo que nadie lo hará por ti”, o, “para querer a alguien  primero tienes que quererte tu” y cosas por el estilo, que, ciegos como estamos, adoptamos la interpretación que mas nos interesa para hacer lo que el egoísmo nos dicta sin remordimiento.  Primero nosotros, luego nosotros y mas tarde nosotros también.

Yo rijo mi vida por lo que  llamo “la ley de la cama de hospital”. Os lo explico: cuando tengo que elegir entre dos alternativas, siempre pienso en que si algún día estoy viejecita en una cama de hospital, esperando conocer a San Pedro, en ese momento, ¿de cual de las dos opciones me sentiría mas orgullosa?  En definitiva, siempre hay un camino que aporta mas puntos que otro a nuestra vida espiritual. Y si, la mayoría de las veces es el que nos requiere mayor esfuerzo. Pero en esta sociedad, me parece a mi que la mayoría de sus miembros siempre antepone sus necesidades, a las de su gente. Y si hasta con ellos lo hacen, como no hacerlo con desconocidos, o con aquellos que parecen tan lejanos viviendo en los barrios marginales de sus ciudades, o en países que difícilmente aciertan a colocar en un mapa.

No pierdo la fe en la humanidad. Si yo soy así, otros iguales habrá. Ayer mi vecina me esperaba con dos taperware de comida: “Sé que estudias todo el día y no tienes tiempo para nada. Te irán muy bien”, me dijo. Hoy lo recuerdo y me ruedan las lágrimas por las mejillas de dos en dos. Todos podemos cuidarnos solos, con mas o menos sufrimiento o mas o menos alegría; pero…qué bonito se siente cuando alguien elige cuidarte.  Y qué bonito sería, si los días de lluvia como hoy, en los que me siento mas sola que la una, pudiera salir a pasear bajo la lluvia, y a disfrutar del olor a tierra mojada y a humedad, en vez de aspirar el olor de excrementos de perros y de sociedad hedonista.

Por encima

Por encima de las fresas con nata y las palmeritas de chocolate.

Por encima de los bocadillos calentitos de sobrasada, la pizza o los nachos con queso.

Por encima, del primer bocado, de la primera sandía de la temporada.

Por encima de la limonada casera en verano, o el té moruno con hierbabuena.

Por encima, y de largo, del instante en el que muerdo un melocotón lavado en el mar, y se conjugan en mi boca el dulzor con la sal.

Por encima de ese trocito furtivo de chocolate que se te antoja en el sillón a las once de la noche.

Ni siquiera comparable a ese pellizco al pan caliente que te comes en la cola del super.

Parecido…quizás, a esa felicidad de quedarte solo en casa, y con tiempo, para hacer toda esa nada que quieres hacer, o no hacer, mejor dicho. Con mantita en el sillón, o sin ella, está por encima.

Nada que ver, aun mejor, a la excitación que se siente cuando preparas un viaje o cuando pones por primera vez el pie en un país nuevo.

¿Y cuando estrenas el mar después de un invierno y estas dentro de esa inmensidad escuchando su roneo, y sacas la cabeza triunfante, notando el agua resbalando, sintiendo que se ha quedado dentro todo lo que te sobraba? No. Esta por encima.

Por encima de meterme en la cama calentita, esos días de mucho frio, y mas cansancio.

Por encima de las duchas calientes en invierno y las frias en verano.

¿Descalzarte? ¿Hundir los pies en la arena de la playa? ¿Sentarte en una terraza a observar a la gente? ¿La tarta de chocolate? ¡No! ¡No! ¡Y no! Y coger tu taza de leche calentita entre las manos cuando tienes frio, tampoco.

Por encima de tumbarte en el campo a mirar el cielo o a oler los pinos, o a escuchar el murmullo del río.

Por encima de los recuerdos de la infancia al lado de cualquiera de mis abuelos.

Por encima de cuando encuentro un arco iris, o una amapola, o te regalan flores.

Si pienso en las puestas de sol en la orillita del mar, cuando es una balsa de aceite, o en los días de mirar su espuma embravecida, tampoco encuentro parecido.

Por encima de abrazar mi almohada, y no otra. La mía. Y con mis sábanas favoritas.

Siempre que lo comparo está por encima.

Por encima de escuchar la lluvia, o de olerla, o de correr riéndote debajo de ella.

¿Y si pienso en mi hija?

En oír su risa, en sus abrazos eternos, en esos momentos de mirarla dormir, o de mirarla sin mas, sintiendo como me desborda el alma de amor. O, en esos instantes, en que no para de contarme cosas emocionada; o la encuentro feliz, cantando y bailando por casa. Cuando su mano pequeñita descansa en la mía al pasear.

Tampoco… Es muy distinto.

Tampoco es comparable a que me cocinen mi comida favorita o a esas sobremesas eternas con la gente que quieres.

¿Y si pienso en ti?

Está por encima de coger tu mano y acariciarla, y aunque suene increíble, a kilometros por encima de cuando tu me acaricias a mi, que es casi volar.

Por encima, de cuando me miras mirarte a los ojos cuando eres en ellos, mas tú, de lo que tú mismo conoces que eres.

Por increíble que parezca, por encima de tus besos y de verte sonreír.

Por encima de completar el yin y el yang, que forma tu sexo con el mío. Por encima, de la música que bailamos cuando nuestros cuerpos ya no se cuentan dos, sino uno.

Está por encima de todo. Por mas que busco no encuentro nada que lo supere.

Nada se me antoja mejor.

Ahora mismo siento que NADA, es comparable a ese primer abrazo contigo, al momento en que tu cuello reposa en mi y mi pierna en tu muslo y tus brazo en mi cintura y los míos en tu espalda. ..

Ese abrazo entre tú y yo…cuando por fin, tu desnudez se encuentra con la mía, y mi cuerpo quieto, al lado del tuyo inmóvil; se deshila, se desmadeja, se deslée en el tuyo sin siquiera moverse, y todo, absolutamente todo, se disuelve; salvo esa sensación…indescriptible, por encima de todo, que me hace sentir, simple y llanamente, completa, serena, en paz, ¡feliz!.

¿Por qué no me elige?


Las golondrinas eligieron mi balcón. En toda mi extensa calle no veo ninguno mas donde hayan decidido construir sus nidos. Dicen que traen suerte y cuando las veo revolotear es como una señal de que el buen tiempo, y la alegría que conlleva, ya están aquí.
Hace un tiempo, cuando lo conocí, sentí que me habían hecho un regalo, nada fue decisión mía y era tan fuerte que no podía hacer nada mas que dejarme llevar. Nada de lo que pasó fue planeado o provocado, y lo mismo que ellas, mi regalo trajo a mi vida alegría y buen tiempo. Sucedió solo. De repente los fracasos de otras relaciones no pesaban tanto, y de algún modo, no tenia miedo a otro mas, porqué sentí que con él era imposible fracasar.
Igual que las golondrinas son un regalo del cielo, él también lo era y no había nada que pudiéramos hacer contra lo que él y yo sentíamos, puesto que nos había venido impuesto de una fuerza mas grande que nosotros.

Pero….que equivocada estaba. Igual que dos no se pelean si uno no quiere, lo mismo pasa en el amor. Dos no pueden estar juntos, si uno no quiere. ¿Qué injusto para el que quiere verdad? Y no digo que dos no pueden amarse, amarse si pueden, aunque uno de ellos se empeñe en ocultarlo, frenarlo o matarlo. Yo creo que el amor de verdad, se agazapa en el corazón hasta que encuentra el momento y la oportunidad para volver a salir.
Se hace duro esperar sabiendo que los días pasan, los momentos se desperdician y nuestro regalo, nuestro regalo se aja por el paso del tiempo.

No puedo estar equivocada, yo siento que me quiere. Quizás es lo que quiero ver porque lo quiero, pero; yo siento que por mucho que sus palabras digan una cosa, sus ojos y su cuerpo dicen otra.

Y decidme, ¿Qué puedo hacer yo? Por un lado me siento la persona mas afortunada del mundo por sentir lo que siento tan bonito hacia él, y por otra…la mas desgraciada por echarlo tanto de menos. Por no poder darle todo el amor que me nace en el corazón. No tener la oportunidad de demostrarle que siento el amor mas bonito que he sentido jamás por nadie, ¡es frustrante!. Se me caducan los besos en la comisura de los labios, el pecho me explota de tantos abrazos que quieren salir y no pueden…Mis días trascurren entre la alegría de tenerlo a mi lado y la pena de no tenerlo a mi lado.

Recuerdo un día que me dijo lo ilusionado que estaba por haberme conocido, y que pensaba que su vida iba a cambiar a mejor. Escribió un texto que nunca me enseñó sobre lo que sentía en ese momento. De algún modo, él también necesitaba dejar atrás la mochila que todos llevamos de nuestros fallos anteriores. Aunque yo creo, que no hay fallos; todo sucede como tiene que suceder para traernos a este instante en las personas que nos hemos convertido. Todos esos momentos de ilusión, se le han olvidado y está instalado en la zona de confort, y de ahí no sale. No ve todo lo maravilloso que se está perdiendo. Se que está feliz, pero también se que yo podría hacerlo mucho más feliz. No ve que no tiene que renunciar a nada, si no enriquecerse con mil cosas mas.

Aunque sea un ejemplo muy tonto, es como el que todos los días se come un bocadillo de pan de molde con jamón york y es feliz. Pero no sabe que si un día se comiera uno de salmón con mantequilla, disfrutaría mas, no sabe hasta que punto disfrutaría mas. ¿Cómo va a saberlo si no lo prueba? Lógico, ¿no?
¿Algún consejo? Se que cuanto mas le insista mas va a decir que no, pero, es que cada vez pesa mas el pellizco que es no tenerlo. Casi doce meses echándolo de menos cada día.
Yo también soy feliz con un sándwich de jamón york, pero no me conformo… ¿Cómo hacerlo cuando se que a su lado hay mil sabores que experimentar?
Igual que las golondrinas, solo quiero que él me elija.